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La Vigilia Pascual - 7 de abril, 2012
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La oscuridad nos puede asustar. Los niños necesitan una luz en la noche. Esta vigilia empezó en la oscuridad para que pudiéramos saborear un poco la muerte. Quizá es la oscuridad de la muerte que nos asusta. Esta noche está llena de significado. Cada movimiento, cada oración, cada símbolo nos habla. Así que, el pararnos en la oscuridad y el recibir la luz significa cantar, “Jesucristo resucita de entre los muertos y el mundo vuelve a nacer. La muerte ya no está. Aleluya.”
La luz de Cristo es para empezar de nuevo, una segunda oportunidad. Si miramos nuestra vida pasada, de seguro que hay arrepentimiento, cosas que quisiéramos cambiar, otro intento. Miramos hacia atrás pensando que nos tomamos demasiado en serio a nosotros mismos, debimos habernos preocupado menos y haber pedido ayuda más a menudo y debimos de haber intentado dejar que Dios se hiciera cargo. Lo que esta noche nos dice con el cirio Pascual encendido es que Jesús nos está dando otra oportunidad para rehacer nuestras vidas. Cuando nuestros hermanos y hermanas evangélicos nos pregunten si hemos vuelto a nacer, la respuesta es, “Sí, cada día de nuestras vidas.” Pero en forma muy especial, esta noche volvemos a nacer. Jesús hace que todas las cosas sean nuevas para nosotros.
La luz vence nuestros arrepentimientos y miedos más oscuros. Brilla en todos los rincones de cada alma que sale a la nueva vida. Por medio de nuestro Bautismo participamos de su muerte, somos sepultados con Él y resucitamos con Él a una nueva vida. Gracias a Jesucristo, estamos viviendo una vida nueva, la vida de Jesús. Él es nuestra vida. Él vive en nosotros. Todos tenemos su amor, poder y potencial si decidimos reclamarlo y utilizarlo. Lo único que se requiere es que nos entreguemos a esa luz maravillosa, nos lancemos a todo lo que es Él. Esta entrega significa aceptar nuestro bautismo como un renacer, otra oportunidad a hacerlo todo de nuevo. La luz, el aceite, la vestimenta blanca, el agua nos habla de esta entrega hacia la voluntad de Jesús.
Esta noche marca el final de una intensa preparación para Rosember, Miguel Ángel, y Carlos Sergio. Ojala hayan visto en acción el amor, la fe y esperanza en nuestra comunidad. Ellos han abierto sus corazones a la gracia y a la voluntad de Dios. Han aprendido lo que significa seguir a Cristo, pero como todos nosotros, siguen creciendo en ese conocimiento. ¡Ahora es el momento para celebrar con ellos los sacramentos de la iniciación! Ellos morirán con Cristo en las aguas del bautismo. Cuando el agua bendita es puesta sobre sus cabezas en nombre de la Trinidad, todos sus pecados, pecado original y pecados cometidos, les serán perdonados; ¡TODOS! Ese mismo Espíritu que los une a la resurrección de Jesús los bendecirá con Su gracia, con una fe más profunda para vivir y amar como lo hizo Jesús. Luego ellos celebrarán la confirmación. Ese mismo Espíritu vendrá a ellos para ser su ayuda y guiarlos y bendecirlos con sabiduría, entendimiento, concejo, ciencia, fortaleza, piedad y temor de Dios. Su confirmación nos reta a sacar de nuestro cajón espiritual esos regalos que recibimos y utilizarlos.
Mas adelante, recibirán la Eucaristía por primera vez. ¡Como nosotros, se convertirán en un solo cuerpo con Cristo, con Su muerte y resurrección, y serán fortalecidos para ser Sus discípulos, para vivir como Él vivió y amar como Él amo! Se convertirán en uno con nosotros ¡donde esa vínculo de amor se hará más fuerte que cualquier cosa que nos divide o nos hace diferentes! ¡Qué alegría! Todos ustedes nos recuerdan que el Espíritu de Dios está vivo y prosperando. En su caminar, nuestra fe es profundizada. ¡Bienvenidos a esta noche y gracias!
El renovar nuestras promesas bautismales nos trae la luz radiante y la esperanza de Jesús y ¡no habrá más noche! Durante nuestro camino de Cuaresma, dolorosamente nos damos cuenta de nuestros fracasos, nuestra falta de oración, nuestra fe tibia, ¡nuestra inhabilidad de dar nuestros corazones completamente a Dios y a Su Hijo! Aún, debido a esto, conocemos la felicidad, la libertad, el amor y el perdón.
En la historia de Marcos sobre la resurrección de Jesús, la esperanza final les queda a las mujeres que llegan a la tumba a ungir el cuerpo de Jesús. Ellas son las únicas que han visto donde fue enterrado. Cuando llegan a la tumba se dan cuenta que la gran piedra que cubría la tumba había sido movida. Cuando se acercan ven a un joven que las asusta con su apariencia y su mensaje. Él les informa a las mujer lo que ha pasado y a donde se ha ido el Jesús resucitado. Jesús ha sido resucitado, ya no está en la tumba, ya ha empezado su nuevo viaje adelantándose a Galilea en donde las esperará. Antes de morir, Él les había dicho que iba a hacer esto. Las mujeres ahora conocen la historia verdadera, y son las únicas que la saben. Lo que deciden hacer será crucial.
Y lo que las mujeres hacen es asombroso. Las vence el terror y el asombro y no le dicen nada a nadie porque tienen miedo. Así es como termina la historia y nos deja asombrados y confundidos. Sin embargo, muy inteligentemente Marcos ya ha preparado al lector para este momento. Lo que no harán las mujeres, lo debe hacer el lector o el que escucha. Ahora nos queda solo a nosotros ir y proclamar la Buena Nueva. Se nos deja a nosotros llevar esta tarea con fe y esperanza en el Señor resucitado.
Este Sábado Santo, escuchamos la invitación a ver la oscuridad de la tumba de Jesús y llevarnos a esa tumba todas esas fuerzas conflictivas. “No tengas miedo,” dice el ángel. Porque con Dios, escribió el Padre Henri Nouwen, “la oscuridad es simplemente un túnel y no un destino final.” Al caminar con la fe, descubrimos que nosotros también, hemos muerto con Cristo y somos una nueva creación en Él. Por la resurrección de Jesús, la felicidad de la Pascua nos dice que de verdad, la gracia de Dios nos puede llevar por cualquier túnel de oscuridad causado por nuestros pecados o de los demás, y nos lleva a una nueva vida y un nuevo comienzo. ¡Él ha resucitado, aleluya!














