Catholic Church of St. James The Younger
Featured Events

May 18 - May 27, weekend Masses

First Communions

Various Masses


Sunday, June 2

Graduation Mass

9:30am



Fr. Tim's Homily
Youth PageChild Development CenterBulletin & NewsCalendar & Ministry SchedulesPastoral CouncilPhoto GalleryGot Catholic Questions?Someone sick?Giving OpportunitiesCathlic LinksProtecting God's Children

5o Domingo Ordinario - 5 de febrero, 2012


Translate to English

“La vida del hombre en la tierra es vida de soldado. … Mis ojos no volverán a ver la dicha.” Escuchamos a Job decir esto en la primera lectura de hoy. Nosotros no leemos del libro de Job muy a menudo, pero tenemos este pequeño cuento desde el fondo de su alma, que nos comunica los efectos de su sufrimiento.

La vida nos enseña que el sufrimiento es universal; no discrimina; porque no le viene solo a los egoístas; no le viene solo a los pecadores o solamente a personas que son malas. ¡Viene a los jóvenes y a los viejos, a los sabios y a los tontos, a los santos y al pecador! El sufrimiento no es una señal de falta de amor o cuidado de Dios. ¿Cómo sabemos eso? Porque a este mundo de sufrimiento y dolor viene Jesús, quien en el Evangelio de hoy sana a la suegra de Simón y luego a toda clase de personas con todas clases de enfermedades y que sufren con la presencia de demonios. De hecho, sana a tantas personas, que nuestro Señor tiene que buscar tiempo a solas en el desierto para orar y recuperar sus fuerzas. Sanó a algunos físicamente y a algunos emocionalmente y a algunos espiritualmente. Él observa y sabe que la sanación más profunda que todos necesitamos es la sanación espiritual.

Algunas veces no es la sanación física la que recibimos en nuestro sufrimiento, sino la espiritual y emocional. Las personas son sanadas espiritualmente cuando se les da la fuerza de aceptar su condición en la vida, hasta para hacer que su sufrimiento sea un lugar de fuerza, profundidad y compasión por otros. Poder hacer eso con nuestro sufrimiento es una gracia poderosa y sanadora; porque el sufrir nos puede hacer rencorosos, aislados y absorbidos en nosotros mismos.

Por medio del sufrimiento experimentamos lo frágil que es la vida y vemos lo que es realmente importante y cómo todos necesitamos la gracia y redención de Cristo. Cuando las personas se unen en sufrimiento; que siempre es una señal de nuestro mundo des quebrantado; cuando se unen con la cruz de Cristo, hacen de su dolor una ocasión para la victoria espiritual para ellos mismos y en muchas ocasiones, ¡para otros también! Y el sufrimiento es aun peor cuando lo acompaña, o es en sí, una enfermedad mental que es para muchos tan difícil de entender y respetar, aun para el que la sufre.

Hemos tenido durante dos semanas consecutivas, a Jesús mencionando sobre la expulsión de demonios. Esa realidad es, para muchos, difícil de creer y aceptar hoy en día. Pero como quizá he citado anteriormente al Obispo Curlin, Obispo retirado de la Diócesis de Charlotte, quien dijo "cuando las personas dejan de creer en Satanás o en los demonios, entonces Satanás gana dos batallas - la de decepción y guiarnos al pecado." Algunos de nosotros podemos utilizar la palabra demonio para indicar una batalla y debilidad. Cualquiera que sean nuestros demonios - odio, enojo, resentimiento, racismo, adicción, debilidad - nuestro Señor sí tiene el poder de liberarnos. Él también nos enseña como abrirnos a ese poder - la oración!

Piensen en esto: la vida y ministerio de Jesús NO fue fácil ni popular. Estoy convencido de que fue su vida de oración la que le permitió seguir adelante y la que le dio significado a su ministerio. Una vida de oración disciplinada no es fácil de alcanzar por las demandas que pone sobre nuestro tiempo y vidas. Jesús tampoco nunca nos ha prometido que una vida de oración nos va a librar del sufrimiento; pero una vida de oración nos va a ayudar a soportarlo. Y como me han escuchado decir antes, orar con las Escrituras cuando las leemos, puede ser la forma más poderosa de orar. En la forma que les atraiga a usted, hágalo - 20 o 30 minutos al día. A veces también pienso que perdemos de vista el propósito de la oración - no es cambiar a Dios o un resultado - pero para cambiarnos a nosotros para que seamos más como Dios y para que tengamos más presente la presencia de Dios en cada situación de nuestras vidas. Después de todo, no es el propósito, cada semana, de nuestra oración más importante - la eucaristía - ¡recibir lo que somos y convertirnos en los que recibimos!